Las marcas siempre han sido y trabajado para poder meterse
en la mente de los consumidores. A partir de la industrialización, las marcas
se han empeñado en ser identificadas allá donde estén y que los consumidores
puedan reconocerlas. Es lógico que los productos de una marca sean
identificables, pero las maneras de publicarse desde esos tiempos han sido
siempre las mismas y es por eso que los consumidores han terminado saturados de
esos impactos.
Actualmente, estamos en una situación en la que los
consumidores buscan de cualquier forma esquivar la publicidad de las empresas y
aunque sean compradores de una marca o estén interesados en algún producto, no
quieren sentirse atacados visualmente y mucho menos en sus tiempos de ocio.
Por lo comentado anteriormente, se está tratando de limpiar
los productos de publicidad y buscar otros métodos para darse a conocer. Los
consumidores han evolucionado en sus estilos de vida y métodos de compra y eso
ha afectado a su mentalidad. El consumidor busca la compra de experiencias
cuando adquiere un producto y una manera eficaz de vender esos productos es
mostrando estas experiencias.
El debranding ayuda a que la marca se fortalezca dentro del
público y que su imagen se vea favorecida. El marketing de contenidos está
siendo uno de los ejes vertebrales del nuevo branding, los consumidores buscan
que el producto les venda algo más, una sensación, una experiencia y buscan que
el acto de compra también sea distinto.
Los objetivos actuales se basan en el consumidor y la
experiencia de marca; un recuerdo positivo de la marca es más eficaz que 100
impactos publicitarios. Estos recuerdos positivos se consiguen a través de un buen trato y
atención al consumidor y de experiencias que giren sobre la marca.
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